martes, 17 de enero de 2017

Asadillo de pimientos

Hay un refrán o dicho popular que dice que la mejor manera de conquistar a un hombre es por el estómago que viene a decir que a poco que sepas cocinar, tendrás a tu principe azul para toda la vida.
Sin querer quitarle razón a la sabiduría popular, no creo que esto tenga mucho fundamento, aunque cada vez que mi madre le ponía esta ensalada a mi entonces novio hoy marido me hacia dudar de si sería verdad, porque él se chiflaba por el asadillo de pimientos.

La verdad es que cada vez que pongo asadillo, bien como guarnición o ensalada, tiendo a recordar con cariño como la hacía mi madre, y con que disposición prendía el horno porque su "yerno" venía al día siguiente y queria agasajarle con su asadillo. Va por ella (y por nosotros).

Ingredientes
2 o 3 pimientos rojos morrones grandes
aceite de oliva
2 o 3 dientes de ajo
sal

Preparación
Precalentamos el horno a 180-200 º.
Lavamos bien los pimientos, los secamos, y los pintamos bien con aceite de oliva. Los colocamos en un recipiente apto para el horno y los ponemos a asar durante unos 20-30 minutos, y cuando estén bien asados los sacamos y los dejamos enfriar.

Mientras se están asando-enfriando los pimientos preparamos el aceite para macerar. Pelamos los dientes de ajo, los partimos en láminas y los sumergimos en un par de cucharadas de aceite de oliva.

 Una vez que están frios los pimientos, les retiramos la piel y los cortamos en tiras. En un recipiente colocamos en pimiento troceado, añadimos una pizca de sal y regamos con el aceite y los dientes de ajo.
Lo dejamos macerar un par de horas en la nevera como mínimo -y allí los conservaremos hasta que vayamos a consumir- y ya tenemos listo nuestro asadillo: ideal en tosta o en ensalada.

domingo, 15 de enero de 2017

Tapa de jamón ibérico

Algunas mañanas me levanto con ganas de acompañar el café con algo salado. Y cuando eso ocurre apenas puedo resistirme ya que pasa de pascuas a ramos. Y hoy, mira por donde, es uno de esos días. Pero al abrir la nevera y consultar la despensa me he encontrado con que el sábado he arrasado en la cocina y no tenía nada apropiado... ¡y yo que  tenía en la cabeza un poquito de tomate rallado!...¡ay! ni eso tenía en la nevera. Así que dando gracias de que existan pequeños comercios que abran los domingos desde bien temprano, me he acercado a la tiendita cerca de donde yo vivo y he conseguido unos tomates y pan aun calentito, y ya que estaba, como tienen charcutería, me he animado a comprar jamon iberico y un poco de queso manchego. Ya que estamos puestos, voy a mejorar la idea inicial...¿he de conformarme con un poquito de tomate rallado cuando puedo convertirlo en una suculenta tapita mañanera?

Así que he llegado a casa, con mi pan recien hecho, mis tomates de la huerta del pueblo vecino y mis viandas castellanas, y me he  puesto manos a la obra, a fin de acompañar la dosis diaria de leche y cafeina con una tapita que ya quisieran poner las cafeterias cercanas, cumpliendo así, aunque sólo sea por hoy, ese conocido y antipático refrán de a quien madruga dios le ayuda. Una deliciosa forma de empezar el domingo, que compensa por otro lado el haberse desvelado antes de tiempo.

También es verdad que al volver a casa, después del paseito y aún en ayunas, me encontraba ya un poquito famélica y lo de rallar el tomate se me hacía pesado, así que he pasado a la táctica del loncheo para poder terminar mi manjar rápidamente. A continuación, como siempre os dejo la receta completa, que no tiene mucho misterio ni complicación, pero que resulta un apaño muy interesante. 

Ingredientes
Pan (lo más reciente posible)
Aceite de oliva
Jamón Ibérico
Queso Manchego
Tomate para ensalada

Preparación
Cortamos el pan en rebanadas (tantas como tapas queramos tomar). Podemos tostarlo un poco para que este crujiente.

Lavamos bien el tomate y lo partimos en  rodajas muy finas. Reservamos para colocarlo en su lugar.

Ponemos una gota de aceite de oliva en cada rebanada de pan, y cubrimos con rodajas de tomate, una loncha de queso manchego y jamón.

Y ya está lista para comer. No todos los desayunos tienen por qué ser aburridos ¿verdad?

sábado, 14 de enero de 2017

Magdalenas caseras

Con esto de preferir los dulces y bizcochos realizados en casa, no pude sustraerme a querer hacer magdalenas caseras, pero he de confesar que hasta que lo hemos conseguido, ha habido unos cuantos intentos infructuosos:  primero fueron las recetas, me costó dar con una cuyo resultado fuera lo más parecido a las magdalenas de panadería de pueblo que compraba mi abuela cuando yo era niña. Después fueron los moldes, que nadie me había dicho a mi que si pones un molde blando, no suben, se quedan como bollitos apelmazados. En este caso tampoco es que hayamos conseguido que tengan un copete muy alto, pero por lo menos no son planas...y después de muchas pruebas, hemos conseguido hacer estas magdalenas a las que ya les hacemos cosas más complicadas como rellenarlas o decorarlas, pero eso lo dejamos para otro día. Valga por hoy con tener magdalenas recien hechas para el desayuno:
Ingredientes (para unas 30 magdalenas aprox.)
3 huevos
ralladura de limón o naranja
1 sobre de levadura
1/4 de litro de leche
1/4 de litro de aceite (oliva o girasol)
350 grs de harina
200 grs de azúcar

Preparación
Mezclamos en un bol todos los ingredientes hasta que nos quede una masa homogénea y sin grumos. Si se tamiza la harina y la levadura, se trabaja mejor la masa.
Ponemos el horno a calentar a 180º.
En un molde para hacer magdalenas metálico, ponemos moldes de papel y rellenamos hasta un poco más de la mitad del molde.
Metemos en el horno entre 20 y 25 minutos, procurando no abrir el horno en el proceso, y cuando ya las veamos bien levantadas y un poco doradas, las sacamos las dejamos enfriar, y repetimos el proceso hasta acabar con la masa.

Dejamos que se enfríen y ya las tienes listas para el desayuno o para al merienda.

martes, 10 de enero de 2017

Huevos a la cazuela

Soy una fan absoluta del huevo. De pequeña suspiraba siempre cuando a mi alrededor se oían las palabras mágicas "huevos fritos". En aquella época existía la creencia de que comer más de uno o dos huevos por semana perjudicaba los jóvenes hígados de los infantes y elevaban el colesterol (como si alguno supiesemos que era aquello...y que lejos de las recomendaciones actuales de 3-5 huevos semanales), por lo que mi suministro de huevos, a pesar de ser mi alimento favorito, estaba bastante restringido.

Desde que empecé a cocinar en la adolescencia, y sobre todo tras independizarme como una adulta, siempre he hecho variaciones de como preparar los huevos, en tortilla, al plato, o fritos con algún acompañamiento. El origen de esta receta que hoy os traigo se encuentra en un recuerdo de mi marido, que un día tras comer una de estas elaboraciones (eran unos huevos al plato con jamón y guisantes) me comentó que su padre le preparaba unos huevos al plato con un fondo de patatas que estaba para morirse. ¡Para qué dijo más!. Empecé a probar hasta llegar a esta receta, que es bastante similar en sabor, a lo que mi marido recuerda le preparaba de pequeño mi señor suegro.

¿Qué no tienes tiempo de leerla? No te preocupes también puedes ver y escuchar la receta:
Y ahora sí, te la dejo por escrito:

Ingredientes
1 o 2 huevos por persona, dependiendo del tipo de cazuela de barro que vayamos a usar
1 patata pequeña por persona
50 grs de guisantes por ración
3 cucharadas de tomate frito por ración
dos o tres lonchas de jamón por ración
aceite de oliva
cazuelas de barro

Preparación 
Precalentamos el horno a 180º.
Pelamos, lavamos y cortamos las patatas en rodajas muy finas. Las freimos en aceite muy caliente. Una vez que están bien fritas y doraditas, cubrimos el fondo de las cazuelitas de barro con las patatas bien escurridas.

Colocamos encima los guisantes, el jamón y el tomate frito y lo metemos al horno.

En abundante aceite de oliva, freimos los huevos. Una vez fritos colocamos uno o dos huevos -dependiendo del ancho de la cazuela- en cada recipiente y dejamos en el horno entre 7 y 10 minutos.

Sacamos del horno, y servimos. Prepara pan en abundancia para acompañar.

jueves, 5 de enero de 2017

Cucharas de chocolate

Esto de tener en casa una pequeña aficionada a la cocina es todo un reto. Si mami usa revistas y libros de cocina, la peque que se fija en todas las cositas de cocina que ve en kioscos, librerías y tiendas de rastrillo y segunda mano. Así fué como un día, curioseando en una de esta tiendas, la peque encontró un ejemplar de un librito llamado Crea en la Cocina de Àngels Navarro. Obviamente no era sólo para leer, sino que, rápidamente, la peque quiso que pusiesemos en práctica sus recetas.

De esta misma joyita literaria para la gastronomía infantil, sacamos en su momento otra receta, Corazones helados de yogur. Justo es reconocer su origen, ya que no son ideillas de la minichef. Y también en este librito, encontramos la receta que hoy os traemos (claro que, ya sabeis los que recalais por aquí de vez en cuando, que yo eso de la fidelidad a la receta no soy muy de ello, y la peque acepta esas modificaciones que introduzco).

Bueno, aquí os dejo el vídeo, narrado por minirepostera:



Y aquí la receta para los adictos a la lectura:

Ingredientes
Una tableta de chocolate negro
Una tableta de chocolate blanco
Una tableta de chocolate con leche
3 dl de leche (uno por cada tableta de chocolate)
3 cucharaditas de mantequilla (una por cada tableta de chocolate)
24 cucharas de plástico de colores (cucharas, si usáis cucharillas de postre, necesitaréis muchas más)
Fídeos de chocolate, bolitas de anís, corazones de azúcar, lacasitos y o cualquier otro dulce para decorar que os guste.

Preparación
Fundimos en primer lugar la tableta de chocolate blanco, con un decilitro de leche y una nuez de mantequilla. Podemos hacerlo con el microondas o al baño maría. Una vez fundido, se reparte entre las cucharas (dará de 6 a 8 cucharas) y antes de que el chocolate se espese, decoramos con, por ejemplo, fídeos de chocolate.

Repetimos el proceso con las otras dos tabletas, hasta tener todas las cucharillas llenas de chocolate y adornadas.

Se meten a la nevera un par de horas para ayudar a endurecer el chocolate en las cucharitas.

Y ya están listas para consumir e invitar.

Truquillo
En casa creemos que si les dejas una de estas cucharitas a cada rey mago (una blanca, una negra y una de chocolate con leche) te dejan un regalito extra. Así que...¿a qué esperáis? Nosotras ya las tenemos listas.